¿Quiénes somos?

El PSTU es un partido integrado por mujeres y hombres comprometidos con las transformaciones por un mundo más justo e igualitario, es decir un mundo SOCIALISTA.
Está compuesto principalmente por militantes que participan en sindicatos, movimientos estudiantiles, sociales y populares. Estamos convencidos de que la única manera de cambiar la realidad es mediante la movilizacion permanente de los trabajadores y los sectores populares a fin de terminar definitivamente con el sistema capitalista. De ahí que su estrategia es revolucionaria y no reformista.
Creemos que el socialismo no sólo es posible sino que es necesario por los principios, valores y fines superiores que enarbola.

Pero si somos revolucionarios ¿por qué queremos participar en las elecciones?

Si bien creemos que sólo la movilización de los trabajadores y la acción directa puede cambiar la realidad, pensamos que las elecciones son y están diseñadas para que nada cambie. No obstante, son una oportunidad para divulgar las ideas de nuestro partido y una herramienta importante para el apoyo de las luchas y la denuncia del sistema capitalista mismo.

viernes, 14 de diciembre de 2018

VIDA DEL PARTIDO /

CADENA PERPETUA PARA LOS ASESINOS DE ANA MARÍA


Por 

El 6 de diciembre finalizó el juicio por el secuestro y asesinato de nuestra compañera del PST Ana María Martínez con una condena histórica: el encuadramiento de la causa como crimen de lesa humanidad y la pena de cadena perpetua para los dos militares acusados, Norberto Apa y Pascual Muñoz. A casi 37 años de su crimen empezamos a lograr justicia para nuestra querida Ana María.

Por Marga Bordón

A lo largo de casi tres meses el tribunal escuchó los testimonios de más de una docena de testigos, que permitieron reconstruir la situación de persecución que sufría el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) bajo la dictadura genocida. Y en ese contexto apareció nítida la operación, primero de infiltración, de detección de Ana María como un cuadro dirigente de la zona y luego la planificación y ejecución de su secuestro y asesinato. Este aspecto era fundamental, ya que la causa había sido cerrada cínicamente por la justicia, en ese entonces, como “crimen pasional” y en esto pretendía apoyarse la defensa de los genocidas. Otra cuestión fundamental para el fallo fue la acreditación de la responsabilidad central del Ejército en la operación, y por lo tanto de los dos acusados, por la jerarquía que ocupaban en el organigrama represivo de la zona. Cabe resaltar que Apa nunca había sido juzgado hasta ahora, y junto con negar cobardemente su responsabilidad, él mismo adujo como defensa en sus palabras finales al tribunal, que fue además ascendido a general por el gobierno de Alfonsín.

Un triunfo de la Comisión Ana María Martínez

El fallo es una victoria de todo el movimiento de Derechos Humanos y fortalece la lucha contra la impunidad y por el juicio y castigo a todos los genocidas. Pero es un triunfo en especial de la Comisión de familiares, amigxs y ex compañerxs de Ana María Martínez que conformamos hace 6 años y que tengo el orgullo de integrar. Este logro hubiera sido imposible sin el trabajo tenaz y paciente de la Comisión, que encabeza la infatigable Carmen Metróvich, cuñada de Ana María. Fue la Comisión, actuando en los hechos como una verdadera “comisión investigadora independiente”, la que hizo la tarea que la Justicia no hacía. La que consiguió los testigos contactando a viejos y viejas militantes del PST y a vecinas de Ana María. La que logró sumar valiosa documentación con el apoyo de la CPM (Comisión Provincial por la Memoria), cuyos abogados brindaron aportes fundamentales. Y la que apeló permanentemente a la movilización con actos, marchas y actividades de difusión para llegar a este juicio y empujar los engranajes burocráticos de esta justicia patronal en la que no podemos depositar ninguna confianza. Y todo esto lo pudimos hacer actuando en forma unitaria pero sin renunciar a nuestras distintas pertenencias políticas, ya que en la Comisión participamos compañeras y compañeros de distintas organizaciones de izquierda (PSTU, OS, IS, PTS, MST) como también kirchneristas e independientes.
Merece un reconocimiento especial la labor de los abogados de la querella: los de las Secretarías de Derechos Humanos de Nación y Provincia, Ernesto Lombardo y, especialmente, Pablo Llonto, por el compromiso personal con la causa. Al punto que, él también ex militante del PST, rompió en llanto al final de su alegato al reivindicar la militancia de Ana María.
Quedan planteadas nuevas batallas para terminar de hacer justicia. Por un lado, que los genocidas cumplan su condena en una cárcel común. Por otro, continuar con un nuevo juicio a los ejecutores materiales que según los archivos de la DIPBA (Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires) aportados por la CPM serían ex integrantes de aquella. Entre los represores mencionados aparece el actual Fiscal General de Mar del Plata, Fabián Fernández Garello.
Con la fuerza que nos da este enorme triunfo, hay que seguir  la lucha hasta llevar a la cárcel hasta el último de los asesinos de Ana María. Como cantábamos con lágrimas en los ojos en el juzgado “Como a los nazis, les va a pasar, a dónde vayan los iremos a buscar”. ¡Ana María Presente! ¡Ahora y siempre!!

EL “GLORIOSO PST”
A lo largo del juicio, los testimonios de las/los compañeras/os de militancia de Ana María en aquellos duros tiempos de clandestinidad, iban reconstruyendo con colores vívidos parte de la historia de la corriente morenista. Historia hecha de vidas que se entregaban con generosidad a la construcción de un partido revolucionario en la clase obrera, a sabiendas que se arriesgaban a la persecución, la tortura y la muerte. La propia Ana María, joven cuadro obrero revolucionario, sintetiza en su corta vida la de muchos y muchas militantes del PST bajo la dictadura.
El juicio logró reunir en la reivindicación de justicia por Ana María a una gran cantidad de ex camaradas del PST. Algunos participando como testigos, otros como público, unos militando en distintas organizaciones de la izquierda trotskista, otros en organizaciones de DD HH e incluso en el kirchnerismo o alejados de toda militancia política. Sin embargo la reivindicación de la tradición revolucionaria encarnada en el PST se nos  impuso a todos como una corriente poderosa, fraternal y emotiva al final del juicio. Por eso el grito de “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el glorioso PST” brotó espontáneo de todas las gargantas, junto con los vivas a Ana María, al PST y la Internacional, cantada inéditamente dos veces en un juzgado. Para quienes militamos hoy en el PSTU y la LIT-CI, esa tradición obrera y la moral revolucionaria del PST, son la referencia y el ejemplo en los que queremos educar a las nuevas generaciones que se incorporan a la militancia revolucionaria.  

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